El calor no causa la migraña, pero la puede agravar por varios mecanismos

Dr. Julio Pascual

El excesivo calor que estamos sufriendo influye negativamente en nuestra salud, especialmente en personas mayores o con enfermedades crónicas. La migraña es una cefalea frecuente sobre todo en el sexo femenino (la padecen una de cada 5 mujeres) e invalidante para las actividades de la vida diaria. Es frecuente que achaquemos las migrañas a los cambios atmosféricos y más en concreto al excesivo calor, pero ¿cuál es la relación real entre el calor y las migrañas?

El calor, por sí mismo, no es la causa de las migrañas

Lo primero que hay que decir es que el calor, por sí mismo, no es la causa de las migrañas. Si no tenemos una carga genética que hace que se tengan ataques de migraña, no los tendremos, aunque haya una ola de calor. Dicho esto, sí que sabemos el calor excesivo es capaz de empeorar la migraña.

Los pacientes se quejan en la consulta estas semanas de que tienen más ataques de migraña y más intensos ¿Por qué ocurre este empeoramiento? El calor excesivo y los cambios de hábitos de vida propios del verano son como una tormenta perfecta capaz de desencadenar ataques de migraña por diversos mecanismos.

La deshidratación inherente a las olas de calor es un desencadenante bien conocido de estas cefaleas

En primer lugar, la deshidratación inherente a las olas de calores un desencadenante bien conocido de estas cefaleas. En segundo lugar, la exposición a luz intensa, que empeora la fotofobia muy habitual en los pacientes con migraña. Por último, durante el verano cambiamos mucho más frecuente los hábitos de vida. Los viajes largos, los cambios de horarios con alteración del rimo del sueño, el ejercicio excesivo e inhabitual en las horas de calor, las comidas copiosas y el abuso del alcohol, propios del verano, son desencadenantes bien conocidos de ataques de migraña. El calor induce, además, dilatación de los vasos sanguíneos y la dilatación de las arterias que recubren el cráneo es un mecanismo esencial para el dolor “pulsátil” de la migraña.

Los últimos años hemos descubierto que, si no dormimos bien, algo innato a las olas de calor, funciona mal el denominado sistema glinfático, que es el circuito que limpia durante la noche (por eso el sueño es tan importante) nuestro cerebro. Si no dormimos bien, en este caso por el calor, nuestro cerebro es incapaz de limpiar moléculas que son capaces de producir, al acumularse, dolor de cabeza.

¿Qué podemos hacer para intentar minimizar la influencia negativa de las olas de calor en la migraña?

Mantener un adecuado estado de hidratación, evitar la fotofobia reduciendo la exposición solar excesiva y usando gafas de sol, hacer comida

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